martes, octubre 28, 2008

" ... Y tú llueves vida que salva de verdad
llueves tanta vida que me empiezas a empapar.
Cálame hasta los huesos
que si es por amor quiero este aguacero.
Cálame hasta los huesos
que si es por amor yo puedo esperar
que vuelva el sol que viaja contigo..."

Mario San Miguel- Hasta los huesos


No me importa que te vayas. No me importa que haya de nuevo una boca que se equivoca. No me importa, no.
Es igual - o parecido - que de nuevo cambien los aires, de nuevo seas humo y flotes sin rumbo lejos o cerca - de mí -. Es igual, sí.
Me da igual, me da igual, porque ya entendí. Ahora comprendo.
Si tú, yo - cualquiera, todos, nadie - nos vamos, otros van llegando. Otros vienen de puntillas, por sorpresa, sin ruidos ni alborotos.
Ahora llega otro, llega él. LLega el más pequeño. Llega un pedazo de ilusión hecho de agua, nieve, cenizas y con todo el calor del hielo que abrasa.
Viene, está llegando, el niño - El Niño -. Viene el pequeño, caramelito líquido, azul y 25, el ángel felino con alas de arpía y corazón marinero.
¡Ay, amor! Viene el puro, el inocente, el único limpio, el que sí tiene las manos blancas y el alma más azul.
Se acerca un trocito de amor de veras, de verdad verdadera y me dan tantas ganas de llorar de alemoción que se me atragantan palabras y lágrimas. Tengo unas ganas de llorar tan profundas, tan dentro de este corazón en multipropiedad que sólo atino a sonreír y pensar que en otro sitio, lejos - y tan cerca - hay un alma superpuesta a la mía que también sonríe.

Viene... Y como él viene, no me importa lo que se vaya - ni aunque Lo seas Tú - porque ya entendí que siempre habrá algo bueno llegando. Pase el que pase.



1 comentario:

Serenella dijo...

Te quiero muchisímo, mana.
Yo y una personita que hoy te ha leido por primera vez y está (por ahí dentro) sonriendo.
Un beso enorme.