Cuando podemos disfrutar de un ratito de sol, él sale a la terraza.
Se sienta junto a la puerta, en una silla con aspecto de haber pasado tiempos mejores.
La coloca contra el marco de la puerta, dos patas en la terraza ,dos patas en la casa. Se sienta a medio camino de dentro-fuera. Pero eso no importa, son sólo ideas raras que me pasan por la cabeza mientras lo observo.
Porque lo observo. Siempre me quedo mirándolo durante tiempo y tiempo.
No se porqué. Me gusta ver al hombre de pelo blanco. Tendrá unos 70 años, quizá más.
Mientras lee su libro (¿qué será lo que lee?), a veces una mujer pasa junto a él, haciéndolo moverse un poquito, lo justo para dejarle paso. Viene con la ropa lavada para tenderla.
No se miran, no se hablan, pero cada uno de sus gestos parece íntimo y cotidiano.
Si lo pienso me parece una idea estúpida, pero no tengo la impresión de que se ignoren, sino que no necesitan nada más que estar juntos, haciendo algo simple.
Me gusto verlos, me gusta mirarlos.
Me gusta ver al viejo leyendo frente a mi ventana.
Me gusta verla tendiendo la ropa.
Me gusta que me guste.
Y sentirme bien.
jueves, mayo 25, 2006
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